El diseño de interiores es un arte, una disciplina, un recurso estético y, hoy más que nunca, un auxiliar de nuestra calidad de vida.
El primer paso consiste en obtener una idea bastante clara del lugar o área que deseamos decorar. Pues resulta fundamental adaptarnos al espacio de que disponemos y, según lo que queramos, únicamente se consigue partiendo de los elementos físicos que lo forman originalmente.
Podríamos definir la decoración como el proceso de crear ambientes a la medida de quienes los habitan o frecuentan, utilizando para ello recursos estéticos.
Para dar con un claro proyecto decorativo necesitamos tener en cuenta cuestiones referentes a nuestra personalidad y anhelos. El buen diseño de un espacio también supone contemplar y tener en cuenta usos y necesidades específicos. Saber, por ejemplo, qué actividades se desarrollan en el lugar, cuales son los usos que hace la familia de él o las costumbres de los integrantes de la casa.